morir es...
Cinco tonos en el auricular.
Carne roja. Marrón. Gris.
Mirarse al espejo.
Gusanos.
Ármate con una ilusión de reserva.
Ya sabes, por si las moscas.
EL PORQUÉ DE NADA.
Mi ánimo pasea despacio, como se pasea por uno de esos pasillos verdes en los que humor se escribe con te, y sólo Dios se rie. No con, sino de. No por, sino para. Menudo hijo de puta.
Extiendo la mano sin moverme ni un sólo centímetro, y acaricio mi fracaso de terciopelo. Tanto tiempo preparándolo. Tanto preparándome. Tan meticuloso. Tan perfecto. Mi fracaso es mío, así q no me jodáis, ¿estamos?
Todo forma parte un plan, pero ellos no lo saben. Y, sinceramente, yo tampoco lo sabía, hasta que hace unos minutos he tenido eso que los alcohólicos llaman un momento de lucidez.
Sí, aquí mismo, mientras envolvía mis magdalenas en papel de arroz, y las calcinaba con todas mis fuerzas.
Inútil.
Como una lágrima de cristal intentando sortear la boca del último verdugo. Como esperar. Como cien millones de moscas aporreando con los ojos el cristal de alguna ventana. Como adivinarte detrás de la cortina, poniendo en orden nuestra distancia. Como mis dedos abrazando fraternalmente un puñado de cables pelados que olvidé enchufar, o no me atreví a hacerlo. Como enchufar esos cables. Como contar las veces que rebota en el lago una piedra que nunca lanzaré. Como un armario con mis medidas. Como despertarse de todo.
Frío.
Como buscar ginebra a mordiscos dentro de un cubito de hielo. Como no encontrarla. Como doblar sensaciones y colocarlas en un cajón, según el color. Como los besos del manual. Como no esperar. Como la polla de Walt Disney. Como mi yo ajeno. Como nosotros después de mi.
Lejano.
Como el eco de un alarido escuchado por nadie. Como la primera vez de todas las cosas. Como la última. Como mandar a tomar por culo ideales de papel cebolla. Como aquél sabor, en aquel momento, en aquél lugar. Como andar por el borde de la acera con cara de imbécil.
Como el principio.
Como el final.
No hace falta conocerme mucho para poder odiarme.
Ni para amarme.
Cuestión de estadística.
Me dice q me quiere. Le digo buenas noches y le miento un par de veces más.
Beso sus labios como quien apura, saciado, la ultima calada antes de aplastar su cabeza contra el fondo del cenicero.